Resumen
¿Qué pasa si modifican un contrato después de firmarlo electrónicamente? El hash criptográfico funciona como una huella digital que permite verificar la integridad del documento y detectar alteraciones en su contenido. Junto con los mecanismos de firma electrónica y conservación previstos en la normativa aplicable, contribuye a fortalecer la autenticidad y el valor probatorio de la evidencia digital.
Hacernos este tipo de preguntas es clave para reforzar el tema de la validez legal de los documentos firmados de manera electrónica; sin embargo, si analizamos el Código de Comercio, hay fundamento que explica que los mensajes de datos no pueden ser privados de efectos jurídicos por el solo hecho de encontrarse en formato electrónico. El artículo 89 Bis reconoce precisamente que pueden utilizarse como medios probatorios y producir efectos jurídicos equivalentes a la documentación impresa, siempre que se ajusten al propio Código y a los lineamientos aplicables. Además de considerar el artículo 210-A del Código Nacional de Procedimientos Civiles.

Es en este punto donde cobra relevancia una herramienta tecnológica que, a pesar de operar de manera silenciosa, resulta indispensable para sustentar la validez y autenticidad probatoria de los documentos digitales: el hash.
¿Qué es el hash de un documento?
Un hash criptográfico es el resultado de aplicar un algoritmo matemático a los datos de un archivo.
Por ejemplo, algoritmos como SHA-256 convierten el contenido de un documento en una cadena de longitud fija.
En otras palabras, es como una huella digital matemática de un archivo o de una cadena de datos, en donde se toma determinada información y se procesa mediante una función criptográfica.
Lo importante no es únicamente que el resultado sea corto o fácil de almacenar. Lo importante es que pequeñas modificaciones en la información de entrada producen un resultado completamente diferente.

El hash tiene estas características:

¿Cómo funciona el hash dentro de una firma electrónica?
Para entender su importancia, hay que separar dos conceptos que con frecuencia se confunden: la identidad o autenticación del firmante y la integridad del documento firmado.

En términos simplificados, en un esquema de firma electrónica basado en criptografía asimétrica puede ocurrir lo siguiente:
Si la verificación es correcta, existe evidencia técnica de que el contenido que se está verificando corresponde al contenido sobre el cual se generó la firma.
Si alguien modifica posteriormente el documento, el hash cambia y la verificación de la firma puede fallar.
En este sentido, una imagen de una firma manuscrita insertada en un PDF no produce por sí misma ese vínculo criptográfico.
Puedes tener una firma visualmente idéntica en dos documentos completamente diferentes y, desde el punto de vista técnico, no existe ninguna garantía de que el firmante haya aprobado el contenido específico que aparece en cada archivo.
Conclusión
En conclusión, cuando hablamos de documentos electrónicos, no debería reducirse a preguntar si una firma electrónica “vale lo mismo” que una firma autógrafa, sino que el verdadero tema está en entender cómo podemos demostrar que un documento es auténtico, quién intervino en él y, sobre todo, que no fue alterado.
Ahí es donde la tecnología y el fundamento normativo se relacionan.

En otras palabras, el valor de la evidencia digital no está únicamente en afirmar que un documento es auténtico, sino en contar con un método que permita comprobarlo de manera independiente.

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