Resumen
La evolución del entorno regulatorio en México ha incrementado la necesidad de que las empresas demuestren la efectividad de sus programas de cumplimiento. En este contexto, la figura del Compliance Officer u Oficial de Ética y Cumplimiento ha adquirido un papel estratégico como responsable de coordinar, supervisar y fortalecer los mecanismos de integridad y gestión de riesgos dentro de las organizaciones.
Aunque la reforma aún no concluye su proceso legislativo, refleja una tendencia clara hacia la profesionalización del cumplimiento corporativo y el fortalecimiento de mecanismos clave como los canales de denuncia, la gestión de riesgos y la supervisión interna.
En los últimos años, las autoridades mexicanas han fortalecido los mecanismos de supervisión, fiscalización y combate a la corrupción, elevando las expectativas sobre la forma en que las empresas gestionan sus riesgos y programas de cumplimiento. Actualmente, no basta con contar con políticas internas o códigos de conducta; las organizaciones deben demostrar que sus controles operan de manera efectiva y generan resultados verificables.
Bajo este contexto, la figura del Compliance Officer u Oficial de Ética y Cumplimiento ha adquirido una relevancia estratégica. Su función consiste en coordinar, supervisar y fortalecer los mecanismos que permiten prevenir incumplimientos, detectar conductas indebidas y promover una cultura de integridad dentro de la organización.
Esta tendencia se refleja en una iniciativa de reforma al artículo 25 de la Ley General de Responsabilidades Administrativas (LGRA), presentada durante 2025, que propone incorporar expresamente al Oficial de Ética y Cumplimiento como parte de los elementos que integran una política de integridad empresarial.

¿Quién es el Compliance Officer?
El Compliance Officer es el responsable de diseñar, implementar y supervisar el programa de cumplimiento de una organización. Su función va más allá de verificar obligaciones legales, ya que participa en la identificación de riesgos, la implementación de controles preventivos y la promoción de una cultura de integridad que permita prevenir y detectar posibles incumplimientos.
¿Por qué es importante contar con un Compliance Officer?

La importancia de esta figura ha crecido debido a que las organizaciones enfrentan riesgos cada vez más complejos en materia regulatoria, fiscal, laboral, operativa y reputacional. Contar con un responsable especializado permite fortalecer los mecanismos de control interno, mejorar la gestión de riesgos y aumentar la confianza de inversionistas, clientes y socios comerciales. Asimismo, la existencia de programas de cumplimiento efectivos puede ser considerada por las autoridades al momento de evaluar la responsabilidad administrativa de una persona moral.
¿Qué propone la reforma al artículo 25 de la LGRA?
Actualmente, el artículo 25 de la LGRA establece los elementos mínimos que debe contener una política de integridad empresarial.
Entre ellos destacan:
No obstante, la iniciativa de reforma presentada en abril de 2025 propone incorporar un nuevo elemento: la figura del Oficial de Ética y Cumplimiento como responsable de coordinar, supervisar y garantizar la correcta implementación de estos mecanismos.
La propuesta reconoce una realidad que muchas organizaciones ya han identificado: un programa de cumplimiento requiere liderazgo, seguimiento y rendición de cuentas para ser verdaderamente efectivo.

¿La reforma ya obliga a contar con un Compliance Officer?
Actualmente no existe una obligación general para las empresas de designar formalmente a un Compliance Officer.
La iniciativa continúa su proceso legislativo y aún no ha sido publicada en el Diario Oficial de la Federación. Sin embargo, la propuesta refleja una tendencia regulatoria clara: las autoridades buscan que las empresas no solo cuenten con mecanismos de cumplimiento, sino también con responsables que puedan demostrar su operación efectiva.
En este contexto, el Compliance Officer suele desempeñar un papel fundamental en la administración y supervisión de estos mecanismos.
Entre sus responsabilidades destacan:
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Identificar riesgos legales, regulatorios y reputacionales.
Diseñar e implementar políticas de cumplimiento.
Supervisar la aplicación de controles internos.
Gestionar los canales de denuncia.
Coordinar investigaciones internas.
Monitorear cambios regulatorios que impacten a la organización.
Informar a la alta dirección sobre riesgos y hallazgos relevantes.
Promover una cultura de ética e integridad empresarial.
Coordinar acciones correctivas y programas de mejora continua.

Su labor permite que la organización cuente con mecanismos efectivos para prevenir, detectar y atender posibles incumplimientos.
Conclusión
La evolución regulatoria en México demuestra que el cumplimiento normativo ha dejado de ser una función reactiva para convertirse en un elemento estratégico de gestión empresarial. Aunque la reforma al artículo 25 de la LGRA no ha concluido su proceso legislativo, la incorporación del Oficial de Ética y Cumplimiento refleja una tendencia clara hacia la profesionalización de los programas de integridad.
Las organizaciones que adopten esta figura están mejor preparadas para enfrentar riesgos regulatorios, fortalecer su gobierno corporativo y generar confianza ante autoridades, inversionistas, clientes y socios comerciales.
Contar con un Compliance Officer no debe verse únicamente como una posible obligación futura, sino como una decisión estratégica para construir empresas más transparentes, resilientes y sostenibles.

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